viernes, 24 de febrero de 2017

Día XXIV




Llevo poniendo punto y final a esta historia más tiempo del que puedo recordar.
Y sigues ahí, añadiendo dos puntos más detrás cada fin de semana. 

Dicen que somos tontas, que nos dejamos manejar, que podríamos chascar los dedos y 
tener a quién quisiéramos a nuestros pies. 
No se si esto será cierto porque nunca aprendí a chascar los dedos, lo que si se es que tonta
no soy, ni me dejo manejar. 

No te quiero, por supuesto, eso también lo se. Pero me he acostumbrado a ti. 

Me he acostumbrado a hablarte con los ojos entrecerrados, a vernos a escondidas, y al olor 
que se queda en mis sábanas cada mañana cuando decides marcharte. Porque lo cierto es 
que siempre te vas, sin decir adiós. Y yo no estoy muy segura de que la semana que viene 
vayas a volver. Incluso a veces suspiro y pienso "que no vuelva más, por favor".

Pero pasan los días y me llama el mono, o la costumbre o qué se yo y te vuelvo a abrir la 
puerta de mi casa y las piernas en mi cama. 

Y, joder, no te quiero, ni me quieres, no soy tonta, ni me dejo manejar. 

Pero aquí vuelvo a estar, poniendo punto y final, prometiéndome que es la última vez, 
deseando que no vuelvas y aprendiendo a chascar los dedos; 

por si este adiós es cierto y desapareces, seas tú quien aparezcas bajo mis pies.