jueves, 28 de junio de 2018

Día XXXIV




Bum Bum. Bum Bum. 

Menudo motor de arranque tienes, chiquilla. 
No hay quien te pare los pies. 

Ya son noventa y tres las noches que he descarrilado por tus curvas y noventa y cuatro los
amaneceres que me he perdido en las constelaciones de tu espalda. Noventa y cuatro 
mañanas en las que has regado con todo tu cariño el marchito jardín que guardaba dentro. 
Noventa y cuatro saltos de fe al vacío. 
Y tu declarándote no creyente de nada más que de ti misma... irónico que empieces a creer en mi. 

Que me has contado la historia de tus raíces y cicatrices más veces de las que puedo 
recordar. Pero jamás me cansaré de ese ímpetu tuyo dedicado a cada segundo de vida;
y ojalá me enseñes algún día el tipo de magia que usas para hacer brotar universos en cada
paso que das. 
Yo sigo mirándote siempre con los ojos que tiene un preso cuando contempla en el horizonte
su libertad. 
Aunque ya haya escuchado esa historia una treintena de veces, se que la número treinta y 
uno va a ser la más especial. 

Que te quiero libre, revolucionaria, crítica y borde. Cuando odias alguna de mis manías y al segundo 
recuerdas que las adoras, con tu indecisión y tu independencia. Con tus ganas de luchar 
y de vivir. 
Que te quiero y punto. Y no pude encontrar mejor lugar para morir que tu ombligo. 

Ojalá me sigas contando, cada día; y sigas contando conmigo
siempre.